Seguridad en el laboratorio



   A la hora de trabajar en un laboratorio, lo más recomendable siempre es empezar por la enseñanza de las normas de seguridad que hay que mantener.

    ¿Qué hacer?

    Tener la vestimenta adecuada:
🧪 Usar guardapolvo o bata de laboratorio (preferiblemente de algodón), de largo hasta las rodillas y de mangas largas, evitando que cuelguen. Este guardapolvo debe estar en todo momento abrochado para proteger tanto la piel como la ropa.
🧪 Usar calzado cerrado.
🧪 Usar lentes de seguridad y guantes siempre que sea indicado.
🧪 También pueden usarse delantales de plástico o caucho, además de mascarillas y/o pantallas faciales.

    Tener la actitud adecuada:
🧪 Al entrar, lo primero que hay que saber es la ubicación de las salidas de emergencia, los exintores, las duchas de seguridad, los aparatos lavaojos y las mantas antifuego, si las hay.
🧪El área de trabajo, los pasillos y las salidas de emergencia deben estar siempre despejadas y con la menor cantidad de objetos posibles. O sea, sólo llevar lo mínimamente necesario para hacer notas y dejar el resto de los objetos personales fuera del laboratorio.
🧪 Encargarse de la limpieza de la zona de trabajo. Intentar dejar las cosas más limpias de como las encontramos.
🧪 Lavarse las manos al entrar, al salir y siempre que se considere necesario.
🧪 Revisar que las llaves de agua y gas estén cerradas al terminar.
🧪 Pedir ayuda siempre que no se sepa utilizar algún equipamiento o haya cualquier tipo de duda con alguna experiencia. Siempre es preferible una pregun.ta «tonta» antes de un accidente.



    ¿Qué NO hacer?

😡 No usar nada que se pueda enganchar en los materiales, calentarse o prenderse en fuego. Esto significa, por favor, no usar aros ni accesorios colgantes, no llevar el cabello desatado ni usar bufandas o pañuelos.
😡Jamás "experimentar" usando reactivos o materiales sin la indicación del profesor o profesora.
😡 No usar materiales defectuosos o reactivos sin la etiqueta.
😡 Nunca pipetear con la boca.
😡 No comer ni beber en el laboratorio.
😡 No usar sandalias ni calzado abierto.

Acá les dejo un video con las normas generales de seguridad en el laboratorio:


Y si quedan con ganas de más, acá está un trabajo más a fondo con las normas, manipulación de material y qué hacer en casos de emergencia:


¿Qué me motiva a educar?

 
  Sofía Thisted comentó una vez: «Quienes llegamos a trabajar en la educación lo hacemos por dos motivos: o por tratar de de reeditar buenas experiencias o por tratar de evitarle a las nuevas generaciones experiencias que nos resultaron muy dolorosas.»
    
    Si bien todos conocemos a educadores que claramente no eligieron trabajar en la educación por estas razones o se olvidaron de ellas, me parece que ambas son una gran fuente de motivación a la hora de responder la pregunta «¿por qué educar?».

    En la vida de todas las personas, la educación juega un rol fundamental. ¿Quién no recuerda con cariño a algún profesor o profesora que se haya ganado nuestro respeto como alumnos? Y, por otro lado, ¿quién no recuerda a algún profesor o profesora que haya logrado que sus clases fueran horas que quisiéramos evitar a toda costa? Inevitablemente, las materias que nos gustaron en la escuela casi siempre vinieron acompañadas de profesores que encontraron la forma de que nos interesara lo que nos buscaban enseñar. 

    Los educadores tenemos el deber imperioso de ser puentes entre los estudiantes y el aprendizaje —y aún más en los tiempos actuales, en los que la información es fácil y rápidamente accesible. Si todas las personas tienen el derecho a la educación, no podemos dejar que ese derecho quede simplemente en la obligatoriedad de asistir a una escuela (cuyas paredes, además, no dejan de borronearse entre lo físico y lo virtual). Debemos encargarnos de que esa educación sea transmitida acertadamente desde las dos razones que menciona Thisted. 

    Creo que la respuesta a la interrogante «¿por qué educar?» debe venir desde dentro y muchas veces debe arraigarse en experiencas totalmente personales. Porque, justamente, ¿puede existir la pasión si no se pone el corazón?

    En lo personal, muchas cosas me motivan a educar. Principalmente, un amor innato por adquirir y compartir saberes me ha acompañado desde pequeña. Este amor al saber se ha visto totalmente revalorizado cada vez que en mi trayectoria como estudiante me he encontrado con profesores que encontraban nuevas formas de enamorarme de las ciencias, de la literatura, de la geografía... Al mismo tiempo, algo en mi espíritu activista se revolvía y gritaba —y aún lo hace— cada vez que me encuentro con profesores cuyo trabajo está motivado por cualquier cosa distinta a la pasión por enseñar. Y cada vez que me encuentro pensando «esto no debería pasar», me recuerdo a mí misma que es parte de mi deber no olvidarme de este sentimiento como estudiante para evitarlo cuando esté del lado del educador.

    Pero lo que encuentro más importante es la necesidad de repetir y reeditar las experiencias que recuerdo con tanto cariño y que me forjaron como persona dentro de un salón de clases. Las ganas de enseñar cosas valiosas y útiles para las futuras generaciones, tomando en cuenta las necesidades y realidades de cada quien, deberían ser la nafta de todo educador.