Experiencia en mi segunda Práctica Profesional Docente
Durante todo el mes de agosto, la situación de las tutorías ha sido de interesante desarrollo. Fui varias veces para buscar al regente –que estaba adherido al paro docente y no sabía muy bien cuándo regresaría–, hasta que me pude presentar y me pidió que fuera un viernes para tener una reunión. Ese viernes fui y sólo tuve que poner mis datos en una planilla. El recibimiento de los celadores y otros profesores fue muy cálido. Felices de ver que estuviese yendo a ayudar a las escuela y dándome ánimos.
El profesor Alejandro Verdini se comunicó conmigo y me asignó a cuatro estudiantes que deben química de 3er año. Mi trabajo fue acompañarlos en la acreditación de esa materia. Hice un grupo de whatsapp y les comuniqué un día para reunirnos y establecer horarios para las tutorías. El día de la reunión sólo fueron dos chicos, que me comunicaron que tenían una semana para hacer los trabajos prácticos que les estaban pidiendo para acreditar la materia. Acordamos varios días probables en la semana para las tutorías urgentes y quedamos en vernos al día siguiente. Mas no se pudo tener esa tutoría de forma presencial, pues el profesor que tenían a esa hora (y con el que contaban que siguiera faltando como semanas anteriores) llegó para tomarles una lección oral sorpresa. Quedamos con los chicos en que yo estaría atenta al teléfono para que me hicieran las consultas por ahí.
Me quedé esas dos horas en la biblioteca buscando material de fácil comprensión para los chicos, así podía tener todo a mano cuando me lo pidieran. También me quedé comentando y lamentando con la bibliotecaria Eloisa la situación de intervención y desorganización de la escuela. Vimos cómo una alumna estuvo esperando a un profesor por 20 minutos hasta que le avisaron que tal profesor había renunciado. El acompañamiento a los chicos lo seguí haciendo en la semana de forma virtual en las noches, cuando podían hacer los trabajos prácticos. Esta semana me comunicaron la posibilidad de acompañar en el laboratorio para poder seguir haciendo la práctica.
En el mes de septiembre, inicié mi experiencia dentro del salón de clases asistiendo al profesor Verdini. Con los estudiantes de 2º 5ta, viendo herencia y genética. El profesor me dio oportunidad al final de la clase para hablar con los chicos, dar un repaso y organizar con ellos la experiencia de laboratorio de la semana próxima.
La primera experiencia de laboratorio consistió en la extracción de ADN de frutilla y banana. Tiempo antes de la clase fui al laboratorio para asegurarme de que todo estuviera en condiciones. Las instalaciones son mucho mejor de lo que esperé de una escuela técnica que no tiene su fuerte en la química. Sin embargo, los materiales de laboratorio –a pesar de ser más que suficientes– estaban en mal estado.
En el camino al laboratorio, unos tres chicos "se mandaron un moco": patearon una botella y rompieron un vidrio de la preceptoría. El profesor Verdini tuvo que quedarse con ellos para solucionar el problema con la preceptora, mientras que yo me quedé con el resto del grupo para entrar al laboratorio.
Les recordé varias veces a los chicos que mantuvieran el orden propio del lugar y no costó que lo hicieran. Entre todos, leyeron las instrucciones a seguir y esperaron a que les hiciera entrega del material para empezar.
Sin mucho desorden, hicieron la experiencia. Sabiendo pedir ayuda cuando lo necesitaran y siendo capaces de explicar el porqué de cada paso, además de organizarse por grupo y dejar por escrito todas sus observaciones.
Todos los grupos lograron culminar con éxito la experiencia, inclusive uno que tuvo que empezar de nuevo por un pequeño inconveniente. La extracción mínima del ADN funcionó no sólo para que los chicos vieran con sus propios ojos el material genético, sino que sirvió para reflexionar sobre la naturaleza y su magnitud.
En cada grupo quedó el trabajo que debían entregar por escrito la próxima clase.
Esa próxima clase no tuvo lugar verdadero, ya que esa semana siguiente fue del día del estudiante. Sólo asistió un chico que, sin embargo, ya tenía el trabajo para presentarlo. Le permitimos más tiempo de entrega para poder incluir las observaciones del microscopio.
La siguiente clase real, preparé de nuevo la experiencia y dejé lo extraído en los microscopios; el profesor los llevó al laboratorio y allí les indiqué cómo incluir las observaciones en el trabajo práctico.
El resto de las clases tuvieron lugar en una suerte de hibridación entre la observación y la intervención. Los chicos siguieron trabajando sobre la temática de enfermedades de transmisión sexual. Con las indicaciones y la guía del profesor Verdini, los chicos elaboraron informes de investigación y presentaciones sobre distintas ETS. Las clases tuvieron espacios de investigación en la sala de informática y tiempos de consulta.
En una ocasión, cuando los chicos debían empezar con sus presentaciones, llegué antes de que sonara el timbre. En el camino, notaba las miradas preocupadas de los chicos y, cuando les consulté qué pasaba, me dijeron con preocupación que les habían dicho que el profesor no iba hoy y que no tenían nada listo… ¡Pensaban que los iba a evaluar yo de forma sorpresa! Después de hablar con la preceptora, me retiré, dejando a los chicos con la tranquilidad de que no les iba a dejar ninguna sanción por no haber llevado todo el material.
Un día a la mañana, el profesor Verdini me escribió, comentando que por una actividad en otra escuela (la Iaccarini) no iba a poder asistir y preguntándome si tenía problema en llevar la clase yo. Esta vez, los chicos no se “salvaron” de rendir las presentaciones que faltaban. Fue una experiencia muy linda y llena de camaradería con los chicos.
Durante el recreo, un chico sacó serpentinas en aerosol y empezó a jugar con algunos compañeros. Incluso, participé en una “broma” entre ellos y se notó su sorpresa al no estarlos retando. Sólo les pedí orden y que le hicieran caso a la preceptora cuando llegara. Con todo esto, volví al “control” del curso, como lo dice Lemke, al decirles que no íbamos a seguir con las presentaciones hasta que no recogieran las serpentinas que habían quedado en el suelo al regresar del recreo.
Lamentablemente, todo esto quedó sumido en la sombra de una tragedia: la preceptora y la psicopedagoga de la institución me pidieron un tiempo para hablar con los chicos. Un compañero de ellos; Lucas Jardón, estaba en el hospital en coma inducido por una complicación cardiológica. Este último tramo de la clase se dedicó al diálogo sobre la situación, con un tono muy sentimental y difícil.
La última clase no tuvo lugar. Con muchísimo pesar, la escuela estuvo de luto; Lucas ya no está con nosotros. Y la vida nos recuerda una vez más que es efímera y que no sabemos cuándo dejamos de estar en alma y cuerpo acá.
La totalidad de estas prácticas tuvieron lugar en la Escuela 4-117 "Ejército de los Andes", mejor conocida como la ENET.

No hay comentarios:
Publicar un comentario